Al tiempo le pidió un sueño,
y al sueño, una ilusión;
un sueño de soñadores,
un refugio para el corazón.
Al tiempo le pidió un sueño,
una vida entre los dos,
un instante sin despedidas,
un eterno tú y yo.
Del ruido hizo silencio,
y al silencio le dio voz;
le puso alas a sus sueños
y esperanza a su dolor.
Al tiempo le pidió un sueño,
pero el viento se lo llevó,
dejando atrás los recuerdos
de aquello que nunca olvidó.
Hoy invoqué al olvido,
pero el olvido me ignoró.
Le supliqué que borrara
lo que el alma no superó.
Y comprendí que hay recuerdos
que no se lleva ni el viento,
porque se quedan a vivir
en los rincones del tiempo.




