Desde mi azotea,
se ven las cosas más claras,
se ven las cosas más nítidas,
se contempla el mundo diferente,
porque todo se mira
con los ojos del corazón y del alma.
Desde mi azotea,
se ve el mar de tus ojos,
las estrellas que te adornan,
la luna que te guía
y esa silueta que, a contraluz,
dibuja los contornos de tu cuerpo,
enamorando, sin descanso,
a mis pupilas.
Desde mi azotea,
se contempla la primera luz del día,
que tímidamente se dibuja
en la línea del horizonte,
anunciando un nuevo amanecer,
un nuevo sueño,
una nueva oportunidad de amarte.
Desde mi azotea,
veo cómo el sol se desvanece en la tarde,
tiñendo el cielo de melancolía,
hasta perderse, lentamente,
en los brazos del infinito.
Desde mi azotea,
se ven las cosas más claras,
se ven las cosas más nítidas,
y el mundo parece más hermoso
cuando mis brazos enlazan tu cuerpo
y mis labios se posan, llenos de amor,
sobre los tuyos.
Porque desde mi azotea,
cuando te miro con el alma
y te abrazo con el corazón,
comprendo que no hay horizonte más bello
ni lugar más hermoso en el mundo
que aquel donde tú y yo
nos encontramos.




